lunes, 13 de julio de 2009

Se nos enfría el café


Se nos enfría el café, vida mía, y entre tazas se consume mi impaciencia. No acostumbramos usar el tiempo en una mesa sentados frente a frente; hace mucho que perdimos la gracia para contarnos las historias o para resumir nuestros días mirándonos a los ojos. No entendi cuando me has citado hoy. No esperaba que sucediera. Había dado por un hecho que nos ausentaríamos uno del otro; lo sabía porque llevamos algunos días sin hablar muchas horas, permecemos callados ahora. Confieso que las primeras tardes esperé con ansiedad que preguntaras por mi, pero recordé aquella vez cuando dijiste que si uno se obstina, se aburre, solamente, sin explicación, se aleja. Deduje que eso sucedía. Supuse que dejé de ser eso en lo que pensarías al despertarte por las noches. He olvidado un poco algunos de tus gestos y creo que tú también no imaginabas mucho sobre mi. Cómo quise reírme cuando me viste hace unos minutos: sí, el cabello es distinto, quise cambiar un poco mi estilo de dama sencilla. ¿Te parece que me he abusado? Creo que resulta agradable cambiar un poco de vez en cuando. Pues bueno, dejemos mi cabello de lado: aquí me tienes, ahí te tengo. ¿Seguiremos guiones o será más sencillo? Se nos enfría el café, corazón, y si aún recuerdas un poco sabrás que lo detesto frío.

3 comentarios:

Juan Manuel Juanmusgo Zúñiga Arias dijo...

(...)y si aún recuerdas un poco (...)

Lya dijo...

al menos, yo, sí lo hago...
recuerdo todo

Clint dijo...

Aunque creas que el café se ha enfriado entre la primera y última palabra de tu recuerdo a mi me ha producido una cálida mancha en el alma. Me gustó mucho tu prosa, se nota la sensillez con la que te describes a ti misma. Gracias por el sentimiento!