miércoles, 28 de abril de 2010

El diluvio



La lluvia empapa
nuestro velo de suspiros
ese escondite
que simula la guarida
de los ojos, de los cuerpos,
y nos oscurece el dolor
para invertir las sensaciones.
La lluvia cae
y con ella el peso
de nuestra soledad.
Gota a gota
nos va narrando
lo profundo de cada sonido
y nos hace naúfragos:
ha ahogado el sinsabor,
las dudas, lo efímero
o hasta la gente misma.
Navegamos, flotamos
cuando el cielo llora,
pero esta vez de felicidad.